LA VERDAD DEL EVANGELIO

CONFERENCIAS SOBRE AVIVAMIENTOS DE RELIGIÓN

por el Rev. CHARLES G. FINNEY

 

CONFERENCIA III

CÓMO PROMOVER UN AVIVAMIENTO

 

TEXTO. --Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia; haced para vosotros barbecho; porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia. OSEAS 10: 12.

Los judíos eran una nación de gente de campo, y por tanto es común en las escrituras referirse a ilustraciones relacionadas con su ocupación y escenas con las que los agricultores y pastores están familiarizados. El profeta Oseas se dirige a ellos como una nación apóstata y los reprende por su idolatría, y los amenaza con los juicios de Dios. Les he mostrado en mi primera conferencia lo que no es avivamiento y lo que es--y sus agencias que se emplean en promocionarlo; y en la segunda cuándo se necesita--su importancia--y cuándo puede esperarse. Mi plan en esta conferencia es mostrar:

CÓMO UN AVIVAMIENTO VA A PROMOCIONARSE

Un avivamiento consiste en dos partes; en lo que se refiere a la iglesia, y en lo que se refiere a los impíos. Hablaré esta noche de un avivamiento en la iglesia. Hay tierra arada que se labró alguna vez, pero que ahora está devastada y necesita barbecharse y ablandarse antes de que esté lista para recibir la semilla. Mostraré en lo que respecta al avivamiento en la iglesia:

1. Lo que es barbechar en el sentido del texto.

2. Cómo se realiza.

 

I. ¿QUÉ ES BARBECHAR?

Barbechar es labrar sus corazones--preparar sus mentes para dar fruto para Dios. La mente del hombre es con frecuencia comparada en la Biblia con el suelo de tierra, y la palabra de Dios para sembrar en él, y el fruto representa las acciones y afectos de aquellos que lo reciben. Barbechar, por tanto, es llevar a la mente a ese estado, que está listo para recibir la palabra de Dios. A veces los corazones se apelmazan duramente y se secan, y se vuelven desolados, que no se obtiene fruto hasta que se barbecha y se ablanda, está listo para recibir la palabra de Dios. El profeta llama barbechar al ablandamiento del corazón para hacer sentir la verdad.

II. ¿CÓMO SE BARBECHA?

1. No es por ningún esfuerzo directo para sentir. La gente comete un error en este tema, de hacer las leyes de la mente el objeto de pensamiento. Hay grandes errores en este tema de las leyes que gobiernan la mente. La gente habla de sentimiento religioso, como si pensaran que pudieran, por esfuerzo directo, provocar un afecto religioso. Pero así no actúa la mente. Ningún hombre puede hacer sentirse de esa forma, meramente por tratar de sentir. Los sentimientos de la mente no están directamente bajo nuestro control. No podemos al querer, o por volición directa, provocar nuestros sentimientos. De una vez mejor pensemos en evocar a los espíritus del abismo. Son puramente estados involuntarios de la mente. Existen natural y necesariamente en la mente bajo ciertas circunstancias calculadas para incitarlos. Pero pueden controlarse indirectamente. De otro modo no habría ningún carácter moral en nuestros sentimientos, si no hubiese una manera de controlarlos. No podemos decir: "ahora sentiré así y asado hacia tal objeto". Pero podemos ordenar nuestra atención a eso, y verlo resueltamente, hasta que surjan los afectos involuntarios. Que un hombre lejos de su familia, la traiga a su mente, y ¿acaso no sentirá? Pero no es decirse a sí mismo "ahora sentiré profundamente por mi familia". Un hombre puede dirigir su atención hacia cualquier objeto, sobre el cual deba sentir y desear sentir, y en esa manera llevará a la existencia las emociones apropiadas. Que un hombre evoque a su enemigo en su mente y surgirá su sentimiento de enemistad. Si un hombre piensa en Dios, y fija su mente en cualquiera de las partes del carácter de Dios, sentirá--saldrán las emociones, por las leyes de su mente. Si es un amigo de Dios, que contempla Dios como un ser de gracia y santidad, tendrá emociones de amistad encendidas en su mente. Si es un enemigo de Dios, déjese que sólo obtenga el verdadero carácter de Dios en su mente, lo vea, y fije su atención en él, y su enemistad surgirá contra Dios, o se quebrantará y le dará su corazón.

Si ustedes desean barbechar la tierra de sus corazones, y hacer sus mentes que sientan sobre el tema de religión, deben trabajar así como lo harían para sentir sobre cualquier otro tema. En vez de mantener sus pensamientos en cualquier otra cosa, y luego imaginar que por ir a unas cuantas reuniones tendrán los sentimientos enlistados, irán por el camino del sentido común para trabajar, como irían sobre cualquier otro tema. Es tan fácil hacer a las mentes sentir sobre el tema de religión como es en cualquier otro tema. Dios ha puesto esos estados de la mente bajo el control de ustedes. Si las personas fuesen poco filosóficas acerca de mover sus miembros, como lo son para regular sus emociones, nunca llegarían a la reunión de esta noche aquí.

Si quieren barbechar la tierra de sus corazones, empiecen con ver sus corazones--examinar y observar el estado de sus mentes, y vean dónde están. Parece que muchos nunca piensan sobre eso. No ponen atención a sus propios corazones, y nunca saben si van bien o no en la religión--si están ganando terreno o retrocediendo--si son fructíferos o páramos como la tierra sin barbechar. Deben quitar su atención de otras cosas y evaluar. Encárguense de eso. No se apresuren. Examinen cuidadosamente el estado de sus corazones y vean dónde están--si están caminando con Dios todos los días o caminando con el diablo--si están sirviendo a Dios o sirviendo al diablo más--si están bajo el dominio del príncipe de la oscuridad o del Señor Jesucristo.

Para hacer todo eso, deben ponerse a trabajar para considerar sus pecados. Deben examinarse a sí mismos. Y por esto no quiero decir que deben detenerse y mirar directamente adentro para ver cuál es el estado presente de sus sentimientos. Esto es la forma de poner un alto a todo sentimiento. Esto es tan absurdo como sería que un hombre cerrara sus ojos a la lámpara, y tratara de ver hacia adentro para averiguar si hay una imagen dibujada en la retina. El hombre se quejaría de que no vería nada. ¿Y por qué? Porque ha quitado sus ojos de los objetos a la vista. La verdad es que nuestros sentimientos morales son tanto un objeto de la conciencia como nuestras sensaciones. Y la manera de incitar es actuando y utilizando nuestras mentes. Entonces podemos decirle a nuestros sentimientos morales por la conciencia, así como podría decirle a mis sentimientos naturales por la conciencia, si pongo mi mano en el fuego.

El examinarse a uno mismo consiste en ver su vida, considerar sus acciones, evocar el pasado, y aprender el verdadero carácter de ese pasado. Ver hacia atrás en la historia pasada de uno mismo. Tomar los pecados individuales, uno por uno, y verlos. No quiero decir que se eche un vistazo a la vida pasada, y se vea que estaba llena de pecado, y luego que vaya uno con Dios y haga algo como una confesión general y pida perdón. No es la manera. Deben ustedes tomar uno por uno. Sería bueno que tuvieran papel y pluma, y al estar repasándolos, escribirlos conforme vengan a la mente. Vean uno por uno así como un comerciante repasa sus libros; conforme el pecado venga a la memoria de ustedes, añádanlo a la lista. Las confesiones generales nunca servirán. Los pecados de ustedes fueron cometidos uno por uno, y tanto como puedan recordarlos, deben ser revisados y arrepentirse de cada uno. Ahora empiecen; tomen primero los que son común pero impropiamente llamados...

PECADOS DE OMISIÓN

1. Ingratitud. Tomen este pecado, por ejemplo, y escriban abajo de él todas las instancias que recuerden donde recibieron favores de Dios, por los que nunca fueron agradecidos. ¿Cuántos casos recuerdan? Algún acto providencial increíble, algún giro maravilloso de eventos, que los salvó de la ruina. Pongan esas instancias de la bondad de Dios ante ustedes cuando estaban en pecado antes de su conversión, por las que nunca han sido agradecidos. Luego las misericordias de Dios en las circunstancias de la conversión de ustedes por las que nunca han sido agradecidos. Las numerosas misericordias que han recibido desde entonces. ¡Qué tan largo es el catálogo de circunstancias, donde la ingratitud es tan negra que son ustedes forzados a esconder sus rostros en confesión! Ahora arrodíllense y confiésenlos uno por uno a Dios y pidan perdón. El mismo acto de la confesión, por las leyes de la sugerencia, hará que vengan otros a la memoria. Anótenlos. Repásenlos tres o cuatro veces de esa manera, y encontrarán un cúmulo sorprendente de misericordias por las que nunca han sido agradecidos con Dios. Entonces tomen otro pecado. Que sea...

2. Carencia de amor a Dios. Escriban y repasen todas las instancias que puedan recordar cuando no dieron al Dios bendito su amor sincero que debían.

Piensen cuán doloroso y alarmante sería si descubrieran cualquier afecto débil para ustedes de su esposa, esposo, o hijos, si vieran a alguien engrosando sus corazones, pensamientos y tiempo. Quizá en ese caso mejor casi morirían con un celo justo y virtuoso. Ahora, Dios se llama él mismo un Dios celoso; ¿acaso ustedes no han dado su corazón a otros amores, jugado a la ramera, y lo han ofendido infinitamente a él?

3. Descuido de la Biblia. Pongan los casos cuando por días, quizás semanas, o incluso meses, no tuvieron el gusto por la palabra de Dios. Quizá no leyeron un capítulo, o si lo leyeron, fue de una forma que fuera desagradable a Dios. Mucha gente lee un capítulo entero de una forma que, si fuesen puestos bajos juramento cuando lo hicieron, no podrían decir lo que habían estado leyendo. Con tan poca atención leen que no pueden recordar dónde leyeron desde la mañana hasta el atardecer a menos que pongan un cordón de separador o doblen la página. Esto demuestra que no dispusieron en su corazón lo que leyeron, que no fue un tema de reflexión. Si estuvieran leyendo una novela, o cualquier pieza de inteligencia que les interesara grandemente, ¿acaso no se acordarían de lo último que leyeron? Y el hecho de que doblen una hoja o pongan un cordón de separador, demuestra que leen más bien como tarea que por amor o reverencia a la palabra de Dios. La palabra de Dios es la regla del deber de ustedes. ¿Acaso tienen poca consideración a ella como para no recordar lo que leyeron? Si así es, con razón viven a la deriva y su religión es un fracaso miserable.

4. Incredulidad. Las instancias por las que han virtualmente acusado de mentira al Dios de verdad, por la incredulidad de ustedes de las promesas y declaraciones expresas de Dios. Dios ha prometido dar el Espíritu Santo a quien se lo pida. Ahora, ¿lo creen? ¿Han esperado que responda? ¿Acaso no han dicho virtualmente en sus corazones, cuando oraron por el Espíritu Santo, "no creo que lo recibiré"? Si no han creído o esperado que deben recibir la bendición, que Dios expresamente prometió, lo han acusado de mentira.

5. Descuido de oración. Las veces cuando omitieron oración en secreto, oración, familiar, y reuniones de oración, u oraron de la manera lastimosa para ofender a Dios, que han descuidado la oración.

6. Descuido de los medios de la gracia. Cuando han sufrido excusas triviales para prevenir la asistencia de ustedes a reuniones, han descuidado y derramado desdén sobre los medios de la salvación, meramente de antipatía de los deberes espirituales.

7. La manera en que han realizado esos deberes--falta de sentimiento--falta de fe--una forma de pensar en pos del mundo--para que las palabras no fueran nada más que un mero parloteo de un desdichado, que no mereció que Dios debiera importarle él en lo más mínimo. Cuando uno ha caído de rodillas, y dicho sus oraciones, de una manera sin sentimiento y descuidada, que si hubiese sido puesto bajo juramento cinco minutos luego de salir de su lugar de oración, no hubiera podido decir de qué estaban orando.

8. La falta de amor por parte de ustedes hacia las almas de sus semejantes. Vean a sus amigos y relaciones, y recuerden la poca compasión que han sentido por ellos. Han estado de pie sin hacer nada y los han visto irse derecho al infierno como si no les importara si eso pasara. ¿Cuántos días no ha habido en los que no hicieron la condición de ellos el tema de una sola oración ferviente, o incluso un deseo ardiente por su salvación?

9. La falta de preocupación por los impíos. Quizá no se han preocupado bastante por ellos para intentar saber de su condición; quizá ni siquiera han tomado un periódico misionero. Analicen y dense cuenta cuánto les apura realmente los impíos, y pongan honestamente por escrito la cantidad de sentimientos hacia ellos y su deseo por la salvación de ellos. Midan su deseo por la salvación de ellos mediante la negación de ustedes mismos que practican, de dar de su bolsillo para enviarles el evangelio. ¿Niegan incluso las superfluidades dañinas de la vida, como el té, café y tabaco? ¿Acaso bajan el nivel de su estilo de vida y realmente se sujetan a cualquier inconveniencia para salvarlos? ¿Acaso oran diariamente por ellos? ¿Asisten regularmente al evento mensual? ¿Están mes con mes para poner algo en el erario del Señor cuando van a orar? Si no están haciendo estas cosas, y si su alma no agoniza por los pobres impíos sumidos en la oscuridad, ¿por qué son hipócritas como para fingir ser cristianos? ¡El cristianismo que ustedes profesan es un insulto a Jesucristo!

10. Descuido de sus deberes familiares. ¿Cómo han vivido ante ellos? ¿Cómo han orado? ¿Qué ejemplo han puesto ante ellos? ¿Qué esfuerzos directos habitualmente hacen para el bien espiritual de ellos? ¿Qué deber no han descuidado?

11. Descuido de deberes sociales.

12. Descuido de observancia de su propia vida. Instancia en las que han apresurado sus deberes privados y no se han corregido, ni honestamente han arreglado las cuentas con Dios. Donde han completamente descuidado observar su conducta, y han bajado la guardia, y han pecado ante el mundo, y ante la iglesia y ante Dios.

13. Descuido de ver por sus hermanos. ¡Cuán a menudo han roto el pacto de que cuidarían de ellos en el Señor! ¡Qué poco saben o les importa el estado de las almas de ellos! ¿Qué han hecho ustedes para relacionarse con ellos? ¿Por cuántos de ellos se han interesado para saber su estado espiritual? Vayan a la lista y si encuentran donde ha habido descuido, escríbanlo. ¿Cuántas veces han visto a su hermano enfriarse en la religión y no le han hablado al respecto? Los han visto que empiezan a descuidar un deber tras otro, y no los reprenden como a un hermano. Los han visto caer en pecado y los han dejado ir. Y sin embargo fingen amarlos. ¡Qué hipócritas! ¿Estarían tranquilos viendo al cónyuge o hijos de ustedes caer en desgracia o en el fuego? No, no lo estarían. ¿Qué piensan de ustedes mismos entonces fingiendo amar a cristianos y amar a Cristo, mientras los ven caer en desgracia y no les dicen nada?

14. Descuido de la negación de uno mismo. Hay muchos profesantes que están dispuestos a hacer casi todo en la religión que no requiere negación de uno mismo. Pero cuando se les llama a hacer cualquier cosa que requiere negarse a sí mismos, ah!, es demasiado. Creen que están haciendo gran cosa por Dios, y haciendo tanto como para preguntar si están sólo haciendo lo que pueden hacer o no hacer, pero no están dispuestos a negarse a sí mismos a cualquier comodidad o conveniencia por causa de servir al Señor. No sufrirán voluntariamente el reproche por el nombre de Cristo. Ni negarán a sí mismos los lujos de la vida para salvar al mundo del infierno. Tan alejados están de recordar que la negación de uno mismo es una condición de discipulado que no saben qué es la negación de uno mismo. Nunca en realidad se han negado ellos mismos una cinta o alfiler por Cristo y el evangelio. Ah, ¡cuán pronto tales profesantes estarán en el infierno! Algunos están dando de su abundancia, y están dando mucho, y están listos para quejarse que otros no dan más; cuando, en realidad, no dan nada que necesitan, y nada que pudieran disfrutar, si lo guardan. Sólo dan el sobrante de su riqueza; y quizás esa mujer pobre, que da doce céntimos y medio en un evento mensual, ha ejercido más la negación de sí misma que los que dan miles.

De éstos ahora paso a...

PECADOS DE COMISIÓN

1. Inclinación hacia el mundo. ¿Cuál ha sido el estado de su corazón referente a sus posesiones mundanas? ¿Las ven como realmente suyas--como si tuvieran el derecho de disponer de ellas como suyas según su propia voluntad? Si lo han hecho, escríbanlo. Si han amado las posesiones e ido en pos de ellas por su propia causa, o han gratificado el deseo desmedido o la ambición, o un espíritu mundano, o acumulándolas para sus familias, han pecado y deben arrepentirse.

2. Orgullo. Recuerden todas las instancias que puedan en las que hayan detectado ustedes mismos ejercer orgullo. La vanidad es una forma particular de orgullo. ¿Cuántas veces han detectado ustedes mismos que consultan la vanidad sobre su forma de vestir y apariencia? ¿Cuántas veces han pensado y tomádose las molestias, y pasado más tiempo adornando su cuerpo para ir a la iglesia de lo que han preparado su mente para el culto a Dios? Han ido a la casa del Señor importándoles más cómo se ven externamente a la vista de los mortales en vez de como está su alma a la vista de Dios quien escudriña el corazón. ¿Se han de hecho aprestado para ser alabados por los hombres en vez de prepararse ustedes mismos para alabar a Dios? Han llegado para dividir el culto de la casa de Dios, para desviar la atención de la gente de Dios para que vean la bonita apariencia de ustedes. Es en vano fingir ahora el que no les importa que la gente los vea. Sean honestos al respecto. ¿Se tomarían todas estas molestias de su apariencia si todos fuesen ciegos?

3. Envidia. Vean los casos en los que tuvieron envidia de quienes pensaban que estaban arriba de ustedes en cualquier aspecto. O quizás tuvieron envidia de aquellos que eran más talentosos o más útiles que ustedes. ¿Acaso no han envidiado a algunos que les ha molestado oír que los reconozcan? ¿Ha sido más grato para ustedes habitar en las faltas de ellos que en las virtudes de ellos, los fracasos de ellos que su éxito? Sean honestos con ustedes mismos, y si han albergado ese espíritu del infierno, arrepiéntanse profundamente delante de Dios, o nunca los perdonará.

4. Censura. Instancias en las que hayan tenido un espíritu de amargura y hablado de cristianos de una forma enteramente carente de caridad y amor--caridad que les requiere siempre esperar lo mejor que el caso admita, ser constructivo en cualquier conducta ambigua.

5. Murmuración. Las veces que han hablado de las faltas de la gente a sus espaldas, reales o supuestas, de miembros de la iglesia o de otros, innecesariamente o sin buena razón. Esto es murmuración. No necesitan mentir para ser culpables de murmuración--es murmuración decir la verdad con el afán de injuriar.

6. Frivolidad. ¿Qué tan a menudo han hablado frivolidad delante de Dios, como si no se hubieran atrevido a hacerlo en la presencia de un soberano terrenal? Han sido ateos, o se han olvidado de que hay un Dios, o han tenido poco respeto hacia él y su presencia del que tendrían por un juez terrenal.

7. Mentir. Entiendan lo que es mentir. Mentir es cualquier cosa maquinada por una razón egoísta. Si urden dar una impresión contraria a la pura verdad, mienten. Anoten todos los casos que recuerden. No les pongan un nombre suave. Dios las llama MENTIRAS y les imputa MENTIRA y es mejor que hagan correctamente la imputación.

Cuántas falsedades incontables son perpetuadas todos los días en los asuntos e interacciones sociales, por palabras, miradas y acciones--diseñadas para dar la impresión de otros contraria a la verdad por razones egoístas.

8. Timar. Pongan todos los casos en los que han tratado con un individuo y le han hecho lo que no les gustaría que les hicieran. Eso es timar. Dios ha puesto la regla: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos". Esa es la regla; y ahora si no la han aplicado, ustedes son unos tramposos. Consideren, la regla no es que ustedes deban hacer lo que quizá esperan razonablemente de ellos que les hagan. Esa sería una regla en la que admitieran cada grado de perversidad. Es HACED con ellos lo que harían ustedes con ustedes.

9. Hipocresía. Por ejemplo, en sus oraciones y confesiones a Dios. Anoten las instancias en las que hayan orado por cosas que realmente no quieren. Y la evidencia es que cuando hicieron oración, no podrían saber por lo que habían orado. ¿Cuántas veces han confesado pecados que no tenían la intención de romper, y cuándo no habían tenido un propósito solemne de no repetirlo? Sí, han confesado pecados cuando sabían cuánto esperaban ustedes tanto ir y repetirlos como esperaban vivir.

10. Robar a Dios. Instancias en las que han malgastado su tiempo, y derrochado horas que Dios les dio para servirle y salvar almas, en entretenimientos vanos o conversaciones fútiles, lectura de novelas, o sin hacer nada; casos donde emplearon equivocadamente sus talentos y poderes de la mente; donde han derrochado el dinero en sus placeres, o lo han gastado en cosas que no necesitan, y que ni contribuyen a su salud, confort o utilidad. Quizás algunos de ustedes que están aquí esta noche han dispuesto del dinero de Dios para TABACO, sin mencionar el ron, pues supongo que no hay ningún profesante de religión aquí está noche que tome ron. Espero que no haya nadie que use ese veneno asqueroso, el tabaco. ¡Imagínense un profesante de religión que usa el dinero de Dios para envenenarse con tabaco!

11. Mal temperamento. Quizá han maltratado a su cónyuge, o sus hijos, o familia, o sirvientes, o vecinos. Escríbanlo todo.

12. Impedir que otros sean útiles. Quizá han debilitado la influencia de otros por insinuaciones contra ellos. No sólo le han robado a Dios de los talentos de ustedes, sino también atado las manos de alguien más. ¡Qué siervo perverso es aquel que es ocioso y obstaculiza a los demás! Esto ocurre a veces al destruir la confianza cristiana en ellos. De ese modo han jugado en las manos de Satanás y no sólo han mostrado ustedes mismos que son unos vagabundos ociosos, sino también que han prevenido a otros que trabajen.

Si han cometido una falta contra alguien, y ese alguien está dentro de su alcance, vayan y confiésenlo inmediatamente, y saquen eso del camino. Si el individuo que han lastimado está lejos para que vayan a verlo, siéntanse y escríbanle una carta, confiesen el agravio, paguen el envío, o de otra manera sólo harán que el asunto empeore. Añadirán al agravio anterior al hacer que se pague el correo. Ese hombre que escriba la carta por su cuenta, y la mande sin pagar el correo, es deshonesto y le ha hecho trampa. Y si hace trampa por una moneda, cuando la tentación es tan pequeña, ¿qué no hará cuando la tentación sea mayor si tuviera el prospecto de impunidad? Si han defraudado a alguien, manden el dinero de la cuenta total y el interés.

Analicen minuciosamente esto. Háganlo y no lo pospongan. Eso sólo hará que las cosas empeoren. Confiesen a Dios esos pecados que han cometido contra él, y esos pecados que han cometido contra el hombre. No piensen desviarse para pasar de lado las piedras de tropiezo. Tómenlas para quitarlas del paso. Al barbechar la tierra, deben quitar toda obstrucción. Pueden quedar cosas que creen pequeñas, y pueden preguntarse por qué no sienten como desearían en la religión, cuando la razón es que su mente carnal y orgullosa ha cubierto algo que les requiere Dios confesar y quitar. Barbechen la tierra. No descuiden ningún surco como diría un agricultor; no se vayan de lado por las pequeñas dificultades; pasen el arado directamente por ellas con profundidad y levanten toda la tierra para que esté blanda y apta para recibir la semilla y llevar fruto por cientos.

Cuando hayan ido a toda la historia de esa manera, minuciosamente, si quieren, vayan a la tierra por segunda vez, y denle atención seria y cuidadosa, encontrarán que las cosas que han anotado sugieren otras cosas de las cuales han sido culpables, conectadas a ellas, o cerca de ellas. Entonces, repásenlas una tercera vez y recordarán otras cosas conectadas con esas. Y verán al final que pueden recordar una cantidad de su historia, y acciones particulares, incluso en esta vida, que no pensaron que deberían recordar en la eternidad. A menos que tomen sus pecados de esta forma, y los consideren detalladamente, uno por uno, no podrán formar una idea de la cantidad de sus pecados. Deben repasarlos tan minuciosa como cuidadosa y solemnemente como lo harían si fueran a prepararse para el juicio.

Mientras van al catálogo de sus pecados, asegúrense de tomar la resolución sobre el presente y la reforma completa. Cuando encuentren algo mal, resuélvanlo de inmediato, en la fortaleza de Dios, y no pequen más de esa forma. No habrá ningún beneficio a menos que determinen enmendar en cada particular que encuentren mal en el corazón, temperamento o conducta.

Si encuentran, al estar cumpliendo con su deber, que su mente está aún oscura, busquen, y encontrarán, que hay alguna razón para que el Espíritu de Dios se aparte de ustedes. Han sido fieles y exhaustivos. En el progreso de dicho trabajo, tienen que usar la violencia con ustedes mismos, presentarse ustedes mismos como un ser racional para la obra, con la Biblia ante ustedes, y tratar su corazón hasta que sientan. No necesitan esperar que Dios opere un milagro por ustedes para que barbeche la tierra. Tiene que hacerse con medios. Presten atención a los temas de sus pecados. No pueden ver sus pecados larga y minuciosamente y ver cuán malos son, sin sentir, sentir profundamente. La experiencia abundantemente prueba el beneficio de repasar nuestra historia de esa manera. Pónganse a trabajar; tomen la resolución que nunca pararán hasta que puedan orar. Nunca tendrán el espíritu de oración hasta que se examinen ustedes mismos, confiesen sus pecados y barbechen. Nunca tendrán el Espíritu de Dios morando en ustedes hasta que hayan desenvuelto ese misterio de iniquidad, y desplegado sus pecados ante Dios. Que esto sea la obra profunda del arrepentimiento, y confesión plena, este arado ante Dios, y tendrán tanto espíritu de oración como pueda su cuerpo pueda soportar. La razón por la que pocos cristianos saben sobre cualquier cosa del espíritu de oración es porque nunca se tomaron la molestia de examinarse a sí mismos propiamente, y entonces nunca supieron lo que era tener sus corazones arados de esa manera.

Vean que apenas he empezado a abrir este tema esta noche. Quiero dejárselos, y en el curso de estas conferencias, para que si empiezan y siguen como les digo, los resultados serán tan ciertos como son cuando un agricultor barbecha el campo y lo ablanda, y planta su semilla de nuevo. Será así, si empiezan de esa manera, y continúan hasta que su corazón duro e insensible sea arado.

OBSERVACIONES

1. No hace ningún provecho predicarles mientras sus corazones están en un estado de endurecimiento, desolación y sin barbechar. Mejor que el agricultor plante en roca. No dará fruto. Ésta es la razón por la que hay tantos profesantes sin fruto en la iglesia, y por haber tanta maquinaria fuera, y tan poco sentimiento de tono profundo en la iglesia. Vean la escuela dominical, por ejemplo, cuánta maquinaria hay, y cuán poco poder de devoción. Si van por esa senda, la palabra de Dios continuará endureciéndolos y crecerá peor y peor, así como la lluvia y la nieve en la tierra sin barbechar hace más grueso el césped, y más fuerte el terrón.

2. Vean por qué tanta predicación se desperdicia, y peor que desperdicio. Es porque la iglesia no barbecha la tierra. Un predicador puede agotar su vida, y hacer muy poco bien, mientras haya oidores de suelo pedregoso, a quienes nunca les han barbechado su tierra. Están a medio convertir, y su religión es más bien un cambio de opinión en vez de un cambio de sentimiento en sus corazones. Hay religión mecánica suficiente, pero poca que se vea como una obra profunda de corazón.

3. Los profesantes de religión nunca deben satisfacerse a sí mismos o esperar un avivamiento, sólo por empezar de su sueño, jactarse y hacer ruido, hablar con pecadores. Tienen que barbechar la tierra. Es completamente poco filosófico pensar en ocuparse de la religión de esa manera. Si su tierra se ha barbechado, entonces la manera de tener más sentimiento es salir y ver a los pecadores en el camino al infierno, y hablar con ellos, guiar las almas inquisitivas, y obtendrán más sentimiento. Pueden hasta entusiasmarse sin este barbecho; pueden mostrar un tipo de celo, pero no durará. La razón es que andan mecánicamente, y no han labrado su tierra.

4. Y ahora, finalmente, ¿barbecharán la tierra? ¿Empezarán ahora y preservarán hasta que hayan despertado completamente? Si aquí fallan, si no hacen eso, y no se preparan, no pueden seguir conmigo adelante en este curso de conferencias. He ido con ustedes tan lejos como es de utilidad ir, hasta que se barbeche la tierra. Ahora deben hacer el trabajo exhaustivo sobre este punto, o tendré que decir que no habrá ningún provecho. No, sólo los endurecerá más y empeorarán. Si, cuando la próxima noche del viernes llegue, los encuentro sin quebranto de corazón, no esperen beneficiarse por lo que diga. Si no se aprestan a trabajar inmediatamente, daré por hecho que no quieren ser revividos, que han abandonado a su ministro, y que lo dejarán ir solo a la batalla. Si no lo hacen, los culparé de haber abandonado a Cristo al rehusar arrepentirse y hacer la primera obra. Pero si se preparan para comenzar la obra que propongo, Dios mediante, la noche del próximo viernes, los conduciré en el trabajo de salvar pecadores.

 

 

 Retorno a Indice El Avivamiento