LA VERDAD DEL EVANGELIO

EL AVIVAMIENTO

Por

Charles G. Finney

 

Capítulo 14

INSTRUCCIONES PARA LOS CONVERTIDOS

 

"Apacienta mis corderos." (Juan 21:15.)

 

1. Una de las primeras cosas que deben aprender los recién convertidos es a distinguir entre la emoción y los principios en religión. Deseo que aprendáis bien estas palabras, las tengáis grabadas en la mente: el distinguir entre emoción y principios.

2. Emoción quiere decir el estado mental del cual somos conscientes, y que llamamos sentimiento; un estado involuntario de la mente, que aparece, naturalmente, cuando estamos en ciertas circunstancias o bajo ciertas influencias. Puede haber sentimientos intentos o pueden calmarse y tranquilizarse o desaparecer enteramente. Pero estas emociones deberían distinguirse cuidadosamente de los principios religiosos. Principio, no quiere decir cualquier sustancia o raíz o semilla o brote implantado en el alma. Lo que quiere decir es una decisión voluntaria de la mente, la decisión firme de cumplir con el deber y obedecer la voluntad de Dios, por la cual un cristiano debería ser gobernado siempre.

3. Cuando un hombre está plenamente decidido a obedecer a Dios, porque es RECTO que obedezca a Dios, yo llamo a esto principio. Tanto si siente alguna viva emoción religiosa en aquel momento, o no, hará su deber con alegría, bien dispuesto y con diligencia, cualquiera que sea el estado de sus sentimientos. Esto es actuar conforme a principios, no según emoción. Muchos convertidos recientes confunden este punto y dependen casi exclusivamente del estado de sus sentimientos para proseguir hacia el deber. Algunos no asistirán una reunión de oración a menos que sientan que pueden hacer una oración elocuente. Las multitudes son infiuidas casi enteramente por sus emociones y dan paso a las mismas, como si no estuvieran bajo la obligación del deber, a menos que se sientan impulsadas por alguna fuerte emoción. Serán muy celosos en religión si se sienten de modo adecuado para ello, cuando sus emociones son cálidas y vivas, pero no pondrán por obra su religión de modo consecuente, y no la pondrán en vigor en todos los aspectos de su vida. Son religiosos sólo en tanto que se hallan impulsados por la ráfaga del sentimiento. Esto no es verdadera religión.

4. Los recién convertidos deberían aprender que cuando tienen el deber delante, lo tienen que hacer. No importa si hay sentimiento imperceptible; si el deber llama, ¡HAY QUE HACERLO! No esperes que venga el sentimiento, sino ¡HAZLO! Lo más probable es que las mismas emociones que estás esperando, aparecerán cuando hagas tu deber. Si el deber es orar, por ejemplo, y no tienenes los sentimientos que desearías tener, ora: "Abre tu boca" (Salmo 81:10); y al hacerlo, es más que probable que tendrás las emociones que esperas y que constituyen la felicidad consciente de la religión.

5. Los recién convertidos no deberían volverse sectarios en sus sentimientos. No se les debería enseñar a insistir en distinciones sectarias, o ser porfiados en puntos sectarios. Han de examinar estos puntos, según su importancia, en el momento oportuno, la manera oportuna, y decidir por su cuenta. No se les debe enseñar a insistir en ellos, y darles mucha importancia al principio de su vida religiosa.

Cuando oigo que preguntan: "¿Crees en la doctrina de la elección?" o: "¿Crees en aspersión o inmersión?" me entristezco. No he visto nunca que estos cristianos valgan mucho. Su celo sectario pronto agría sus sentimientos, quita de su corazón toda religión, y enmohece todo su carácter en un fanatismo sectario y pecaminoso. Generalmente, se convierten en devotos de las tradiciones de sus padres y están muy poco preocupados por la salvación de las almas.

6. Los recién convertidos deberían aprender que han renunciado a todas sus posesiones y a ellos mismos y que, de no haberlo hecho, no son cristianos. No deben seguir pensando que les queda nada suyo: su tiempo, propiedad, influencia, facultades, cuerpo o alma. "No sois vosotros." (1 Corintios 6:19), pertenecen a Dios; y cuando se sometieron a Dios, hicieron una entrega libre de todo a El, para que los gobierne y disponga de ellos según su voluntad. No tienen derecho a pasar ni una hora de su tiempo como si fuera suya; no pueden ir a ninguna parte, por su cuenta, sino estar en todo a la disposición de Dios, y emplearlo todo para la gloria de Dios.

Los cristianos, y las iglesias en general, deben adoptar esta actitud y la han de mantener como un asunto de disciplina: el negar la mayordomía es un pecado y lo mismo la codicia; ambos deberían ser base suficiente para excluir a un hombre de la comunión, como le excluiríamos si negara la deidad de Cristo o cometiera adulterio.

7. Ya es hora de que se dejen estas cosas claras. Y la única manera de dejarlas claras es empezar con los que acaban de entrar en religión. Los jóvenes convertidos deben aprender que es digno de condenación el mostrar un espíritu codicioso, el mostrarse sordos cuando el mundo entero está pidiendo socorro, como lo es el vivir en adulterio o la adoración de ídolos.

8. Los jóvenes convertidos deben aprender a orar siempre, en todo lugar. Por falta de instrucción en este punto, muchos jóvenes convertidos sufren pérdida y se apartan de Dios. Por ejemplo, a veces ocurre que un joven convertido cae en pecado y, luego, cree que no puede orar, y en vez de vencer esto se siente afligido y espera que pase el filo de esta aflicción. En vez de ir directamente a Jesucristo en medio de su agonía y confesar su pecado con todo su corazón y conseguir el perdón y la restauración de la paz, espera que pase Io vivo de sus sentimientos y se calme; y luego, el arrepentimiento, si lo hace, es frio y desmayado. Quiero decir que nunca debes hacer esto; sino que, cuando tu conciencia te oprime, vayas a Cristo y confieses tu pecado plenamente y derrames tu corazón a Dios.

Algunas personas descuidan la oración porque están en la oscuridad y no sienten deseo de orar. Pero, entonces, es cuando necesitan orar más. Esta es la verdadera razón por la que tendrían que orar. Tendrían que ir directamente a Dios y confesar la frialdad y oscuridad de la mente. Decirle a Dios cómo se sienten. Decirle: "¡Oh, Señor, no tengo deseo de orar, pero sé que debería orar!" E inmediatamente el Espíritu descenderá y guiará tu corazón en oración y todas las nubes se disiparán.

9. A los recién convertidos habría que advertirles fielmente contra la adopción de un falso standard en religión. No debería dejárseles que siguieran o imitaran a los antiguos convertidos, o tener esa idea como un standard de la vida santa. Tendrían siempre que mirar a Cristo como su modelo. No procurar ser tan buenos cristianos como los antiguos miembros, ni pensar que hacen las cosas muy bien cuando están tan despiertos como los viejos miembros de la Iglesia; su objetivo debería ser la santidad. La Iglesia ha sufrido mucho por falta de atención sobre esta materia. Los recién convertidos se han puesto en marcha, con el corazón lleno de ardor, y celo fervoroso para dirigir su mirada a un alto standard, pero no se les dirigió debidamente, y pronto se contentan con la idea de que lo que es bastante bueno para los otros lo es también para ellos, y por lo tanto han cesado de mirar un poco más arriba que los que fueron antes que ellos. Y ésta es la manera en que la Iglesia, en vez de levantarse más y más alta en su santidad, con cada nuevo avivamiento, se ha mantenido estacionaria.

10. Los convertidos deben aprender a decir: "No." Esta es una lección dificil para muchos. ¡Mirad a esta joven! Antes amaba su circulo alegre, y se deleitaba en sus placeres; se unió a la Iglesia y se vio aislada de sus antiguos amigos. Ahora no la invitan a sus bailes y fiestas, porque saben que no asistiría; y quizá se mantienen alejados de ella, por temor que trataría de conversar con ellos acerca de sus almas.

Pero, poco a poco, sus amigos se van atreviendo, y algunos le preguntan si quiere salir a dar un paseo con ellos. A ella no le gusta decir "No". Son sus antiguos amigos y sólo unos pocos van, además un paseo es un recreo inocente y acepta la invitación. Pero, una vez se ha quebrado el hielo, ellos la tienen como uno de los suyos. Una vez se ha empezado, vienen las visitas de carácter social, "sólo unos pocos amigos", y pronto en una se quitan las alfombras para bailar un poco; después de esto viene un paseo en trineo el sábado por la noche, que dura hasta después de medianoche, y como está cansada se queda durmiendo el domingo por la mañana, que quizá será un domingo de comunión. ¡Todo por no decir no al principio!

11. Ved a este joven. Durante un tiempo siempre estuvo en su lugar en la Escuela Dominical y en la reunión de oración. Pero, poco a poco, sus antiguos amigos volvieron a tratarle con atención, le atrajeron y se lo llevaron, paso a paso. Razona que si rehúsa ir con ellos en cosas inocentes va a perder su influencia en ellos. Y va, hasta que empieza a descuidar la reunión de oración, la clase biblica y aun la lectura privada de la Biblia y la oración. ¡Ah, joven, párate aquí! No quieras exponer la causa de Cristo al desprecio y la burla, aprende a resistir los comienzos de la tentación.

12. Es de gran importancia que los recién convertidos aprendan a ser estrictamente sinceros. Hay que ser muy diferente del mundo y diferente aun de la mayoría de los que profesan religión. ¡Ay, cuán poco nos damos cuenta de esto! ¡Cuán poca sinceridad, real, pura y simple entereza, que debería ser la marca del hijo de Dios!

Considerad esto seriamente. ¿Qué dice Dios sobre los que irán al cielo? Leamos el Salmo 15: "El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia." ¿Qué piensas de esto? Si uno ha prometido algo, excepto el cometer algún pecado, tiene que guardar su promesa si quiere ser honrado e ir al cielo. Pero hay gente que harán promesas y para evitarse el cumplirlas, faltarán a las mismas como si nada. No tolerarían, en cambio, que un cheque suyo fuera devuelto por el banco. ¿Por qué? Porque perderían el crédito, y les demandarían ante el tribunal.

¿Es esto honradez? ¿Con este tipo de honradez esperan entrar en el cielo? ¿Quebrantar las promesas y presentarse ante Dios con una mentira en la mano? Si rehusas cumplir tu promesa eres un mentiroso; y si persistes en ello tu parte será el lago que arde con fuego y azufre. Ni por diez mil mundo permitiría yo que hubiera en mis manos dinero que fuera quitado de un objeto que yo había dado como promesa. Este dinero "roe como la gangrena" (2 Timoteo 2:17).

Si te es imposible devolver el dinero, esto ya es una excusa suficiente. Pero en todo caso, tienes que decirlo. Pero si rehusas pagar lo que prometiste, porque has cambiado de parecer, eres cupable. No puedes orar hasta que pagues este dinero. El Señor no puede escuchar tus oraciones.

13. La religión no consiste en deseos de hacer buenas acciones. Los deseos que no resultan en decisiones y en acción, no tienen virtud en sí. Tampoco tienen por qué ser malos. Pueden aparecer de modo involuntario en la mente, a la vista de ciertos objetos; pero en tanto que no producen ningún acto voluntario, no son ni mejores ni peores que el latido del corazón, excepto en casos en que hemos procurado indirectamente que aparezcan, por ponernos en circunstancias calculadas para estimularlos. EL hombre más malo de la tierra puede tener deseos de santidad. Puede ver claramente que la santidad es el único medio de alcanzar la felicidad. Y en el momento en que se da cuenta de que la santidad es un medio para la felicidad, naturalmente la desea. Es de temer que son muchos los que se engañan con la suposición de que un deseo de santidad, como medio de felicidad, es religión.

Sin duda, son muchos los que se ufanan de algunos deseos que han tenido, pero que nunca resultaron en la elección de lo recto. Tienen deseos de hacer su deber, pero no lo hacen, porque, en conjunto tienen deseos aún más fuertes de no hacerlo. En estos descos no hay virtud. Una acción o deseo puede set virtuosa a la vista de Dios sólo si es un acto de la voluntad. La gente a menudo hablan de modo absurdo sobre este tema, como si hubiera algo bueno en sus deseos, en tanto que son meros deseos. "Creo que deseo esto o aquello." Pero "¿lo haces?" "Oh, no, pero con frecuencia deseo hacerlo." Esto es ateísmo, prácticamente.

14. Cualquier deseo que pueda tener una persona si no es realizado en decisión y acción, no es virtuoso. No hay ningún grado de deseo que en sí sea virtuoso. Si se pudiera hacer que quedara destacada esta idea, remachada en la mente de la gente, probablemente aniquilaría las esperanzas de la mitad de los miembros de las iglesias, que están viviendo de sus buenos deseos, aunque no hacen nada para Dios.

15. Habría que hacer entender a los recién convertidos que cualquier cosa que sea egoísta no puede ser religión. Sean los deseos que tenga, y las acciones o elecciones que haga, si, después de todo, la razón de las mismas es egoísta, no hay religión en ellas. Un hombre puede haber cometido pecado incluso orando, leyendo la Biblia, asistiendo a un servicio religioso, o cualquier otra cosa, si el motivo es egoísta. Supongamos que un hombre ora simplemente con miras a fomentar su propia felicidad. ¿Es esto religión? ¿Qué es, sino un intento de hacer del Dios Todopoderoso nuestro siervo? No es nada más que una gran especulación y ponen al universo, Dios y todo, a contribución para hacerle feliz. Es el grado supremo de maldad. Está tan alejado de la piedad que es, en realidad, una forma de maldad superlativa.

16. Ninguna cosa es aceptable a Dios, como religión, a menos que sea ejecutada de corazón, para agradar a Dios. No hay ninguna acción externa que sea buena o que sea aprobada por Dios a menos que sea realizada con motivos rectos y de corazón. Los recién convertidos deberían aprender de modo pleno y positivo que toda religión consiste en obedecer a Dios de corazón. Toda la religión consiste en acción voluntaria. Todo lo noble, todo lo amable, a la vista de Dios, todo lo que pueda llamarse propiamente religión, consiste en acción voluntaria, y un obedecer voluntariamente la voluntad de Dios desde el corazón.

17. Los recién convertidos deberían aprender que el deber de la abnegación o negación de uno mismo es una de las características principales del Evangelio. No son piadosos a menos que voluntariamente acepten su cruz diariamente y se nieguen a sí mismos por Cristo. Hay muy poca abnegación en la Iglesia y la razón es que se pierde de vista el deber cuando se instruye a los recién convertidos. ¡Cuán raramente se les dice que el negarse a sí mismo es el rasgo principal del Cristianismo! Los ministros raramente piden a nadie, cuando tratan de fomentar una causa, que se nieguen a sí mismos en favor de ella; sólo les piden que den lo que les sobra; en otras palabras, que den al Señor lo que no les cuesta nada. ¡Qué abominación!

18. Los jóvenes convertidos deberían aprender lo que es perseverancia. Es asombroso lo que se llega a decir sobre la perseverancia. Como si la doctrina de la perseverancia fuera: "Una vez en la gracia, siempre en la gracia"; o: "Una vez convertido, seguro que irás al cielo." Esta no es la idea de la perseverancia. La verdadera idea es que si un hombre se ha convertido verdaderamente, como regla, continuará obedeciendo a Dios; y, como consecuencia, ira al cielo. Pero si una persona tiene la idea de que por haberse "convertido", tiene por seguro ir al cielo, esta persona no escapará de ir al infierno.

La obediencia a Dios consiste en el estado del corazón. Es querer obedecer a Dios; deseando que Dios nos gobierne en todas las cosas. Si un hombre habitualmente desobedece a Dios, en alguna cosa particular, está en un estado mental que hace la obediencia en todo Io demás imposible. El decir que se obedece a Dios en algunas cosas, por respeto a su autoridad y que en otras se le niega la obediencia, es absurdo.

19. Los recién convertidos aprenden fácilmente a ser "templados en todas las cosas" (1 Corintios 9:25). Con todo, este tema es descuidado en gran manera en lo que afecta a los recién convertidos y casi se ha perdido de vista en las iglesias. El mascar y fumar tabaco, son actos de falta de templanza. El usarlos no es ser "templados en todas las cosas". Hasta que los cristianos tengan la conciencia despertada sobre este tema, y vean que no tienen derecho a no ser templados en nada, habrá poco progreso en religión. Es muy posible que algunas familias gasten más en café y té, que no dan ningún alimento y son meramente estimulantes, que lo que ofrecen para las misiones. Es posible que esto sea verdad en iglesias enteras. Incluso algunos encargados de solicitar apoyo para las sociedades misioneras y otras hacen uso de té, cafè y tabaco. Es una cosa un poco rara.

20. Si los cristianos profesos pudieran comprender lo mucho que gastan por Io que son meramente venenos, y nada más, se quedarían asombrados. Hay muchos que insisten en que no se pueden pasar sin ellos. Y si se discute este asunto con ellos, es posible que se enojen, cuando los argumentos empiezan a afectar sus conciencias.

¡Oh, durante cuánto tiempo seguirá la Iglesia mostrando este tipo de hipocresía en las reuniones misioneras, orando a Dios para que salve al mundo, cuando en realidad están tirando cinco veces más dinero en pura intemperancia que lo que dan para salvar al mundo! Algunos creerán que esto son insignificancia, y que no merecen que se hable de ellas desde el púlpito. Pero yo os digo que es una gran equivocación, si pensáis que son cosas insignificantes, porque hacen a la Iglesia odiosa delante de Dios, pues ponen a la vista su hipocresía y su concupiscencia. Aquí hay un individuo que dice que se ha entregado para servir a Jesucristo, y con todo rehúsa negarse a sí mismo un deseo que le domina y ora: "¡Señor, salva al mundo; Señor venga tu reino!" Esto es hipocresía. Estas oraciones ¿cómo pueden ser oídas? A menos que estas personas se nieguen a sí mismas, no daría un comino por las oraciones de todos estos cristianos profesos, aunque hubiera tantos que cubrieran todos los Estados Unidos.

21. Estas cosas han de ser enseñadas a los recién convertidos. Ha de llegar al punto en que los hombres no se llamen cristianos a menos que estén dispuestos a cortar su mano derecha, a sacarse el ojo derecho, a negarse a sí mismos por amor de Cristo. ¿Es esto poco? Aquí se halla el veneno del espíritu de la oración. ¡Esto rebaja y sensualiza al alma! ¿Es esto pequeño y no merece hablar de ello en el púlpito, cuando toda esta intemperancia, de una clase u otra, cuesta a la Iglesia no ya cinco, quizá cincuenta veces más de lo que da para la salvación del mundo?

22. Ha llegado el momento de enseñar estas cosas de modo efectivo, cuando los convertidos son jóvenes. Si no se les enseña debidamente adquirirán hábitos falsos, y empezarán con un modo de vivir indulgente para sí mismos, y raramente llegarán a reformarse del todo. La pertinacia de muchos en permitirse estos deseos se puede ver con tan sólo hablar con muchos. Y yo creo que la Iglesia nunca puede levantarse de su modorra hasta que los recién convertidos sean instruidos, desde el principio de su carrera religiosa, a ser templados en todas las cosas.

23. Debe enseñárseles que es necesario que ellos mismos sean tan santos como creen que los ministros han de serlo. Se ha pensado durante mucho tiempo que los minisros han de ser más santos que los demás. Se asombrarían si un ministro mostrara ligereza, o siguiera las modas o mostrara mal genio.

Se espera que ellos también se esfuercen para ser perfectos. Todo recién convertido debe aprender que si no tiene el propósito de vivir sin pecado, no ha empezado todavía a ser religioso. ¿Qué es la religión sino el amor supremo a Dios y el propósito supremo de escuchar a Dios y la disposición a obedecerle? Si no hay esto no hay religión. Si alguien dice que es perfecto todo lo que hay que decir es: "Que lo demuestre." Si lo es, lo mostrarán sus acciones.

24. Pero el deber de todos es el ser perfectos en motivos, y proponerse una obediencia entera, perpetua y universal a Dios. Debería ser su propósito constante el vivir totalmente para Dios y obedecer todos sus mandamientos. Deben vivir de tal modo que si pecan sea una excepción, un caso individual, en que han obrado contra el propósito y tenor fijo y general de sus vidas. No tendrían que pecar; tienen que ser santos y perfectos si esperan vivir con Dios, pues Dios es perfecto; a los jóvenes convertidos hay que enseñarles a seguir este camino rectamente, de otro modo nunca vivirán rectamente.

25. "No siempre vas a sentirte de la misma manera que ahora." Cuando un recién convertido se goza en su Salvador, y piensa en vivir para la gloria de Dios y el bien de la humanidad, cuántas veces se le dicen estas palabras. Con ello, se prepara su mente con la idea de hacerse atrás, y no hay que sorprenderse mucho si lo hace. Esto es, precisamente, lo que el diablo quiere que los nuevos convertidos oigan: "Tus sentimientos no van a durar, sino que, poco a poco, vas a sentirte tan frío como nosotros." Oír esto me hace sangrar el corazón. Cuando un recién convertido está vertiendo el fervor de su corazón sobre algún antiguo profeso, y espera la correspondencia cálida de un espíritu recíproco que responde al suyo, recibe esta ráfaga de viento helado: "No siempre te sentirás así." ¡Qué vergüenza! Luego, cuando bajo la influencia de esta instrucción que le das, se produzca lo que dices, no le causará ninguna sorpresa ni alarma, sino que lo considerará como cosa natural, porque esto es lo que les ocurre a todos los demás.

Esta doctrina es lo último que debería pensarse en decir a los recién convertidos. Hay que decirles que tan sólo han empezado la vida cristiana, y que su religión consiste en proseguir. Han de aprender a seguir adelante, en "crecer en la gracia" continuamente. No hay que enseñarles que su religión se irá extinguiendo, que se hará más y más pequeña hasta que sea sólo un punto. Dios dice: "La senda de los justos es como la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto" (Proverbios 4:18). Ahora bien, ¿de quién será la senda que va hacióndose más y más oscura hasta que se llegue a la perfecta noche? Lo que habría que decirles es que a las primeras indicaciones de mengua o celo espiritual, han de alarmarse y espolearse en el cumplimiento del deber. No hay que enseñar a los recién convertidos el camino para hacerse atrás. Y no dudo que esta misma doctrina: "No vais a tener los mismos sentimientos luego", es uno de los grandes descubrimientos de Satán para que se realice lo que está prediciendo.

26. La misma idea de ser cristiano, es renunciar al yo y consagrarse por completo a Dios. El cristiano no tiene más derecho a retener algo de Dios del que tiene a robar. En un sentido es también un robo. Insisto en decir que el hombre que retira de Dios algo, comete un crimen mayor que el que comete al robar contra su prójimo, puesto que Dios es el Dueño de todas las cosas, en un sentido mucho más alto del sentido en que el hombre las posee. Si Dios te llama a emplear algo que tienes, tu dinero, tu tiempo, o tus hijos, o dedicarte tú mismo a la propagación de su reino y rehúsas porque quieres hacer tu voluntad, o prefieres hacer otra cosa, haces un desfalco a Dios, como haría un empleado que defraudara a su patrón.

27. Los nuevos convertidos deberían aprender a hacer todos sus deberes. No deberían hacer componendas con el deber, ni decir: "Haré esto como compensación por haber descuidado aquello." Nunca deberían descansar satisfechos hasta que hayan hecho su deber de toda clase, en relación con sus familias, la Iglesia, la Escuela Dominical, las personas impenitentes que les rodean, el disponer de su propiedad, y la conversión del mundo. Que hagan su deber, como quieren hacerlo cuando sus corazones están llenos de fervor; y no intenten escoger cuál de los mandamientos de Dios van a cumplir y cuál no.

Hay que enseñarles que la religión no consiste en éxtasis ni trances ni emociones de gran altura. Es posible que haya todo esto cuando hay religión. Pero hay que entender que éstas, son emociones involuntarias y que pueden existir en pleno vigor cuando no hay religión. Pueden ser mera obra de la imaginación, sin ninguna afección verdaderamente religiosa. Las personas pueden tenerlas en tal grado que lleguen a desmayarse del éxtasis, incluso sobre cosas religiosas, sin tener religión. He conocido a personas llevadas a un estado de trance, por la mera contemplación de los atributos naturales de Dios, su poder y su sabiduría desplegados en el firmamento estrellado y, con todo, la persona no es religiosa. La religión es obediencia a Dios, la sumisión voluntaria del alma a su voluntad.

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